En su Tesis sobre el cuento, el escritor argentino Ricardo Piglia concluye que un cuento siempre cuenta dos historias: un relato visible esconde un relato secreto, que sólo se revela al final. Una noche en el Calchaquí dirige cada historia a un lector diferente. Los más jóvenes leen la peregrinación de los Reyes Magos por las áridas tierras calchaquíes. En esta primera narración, las figuras de los magos aparecen bajo la piel de tres caciques indígenas, que en un momento determinado del relato se convierten en chamanes. Siguiendo el vuelo de un cóndor, pájaro de las alturas andinas, y las indicaciones de una indiecita, llegan a la cima del Cachi, donde, en una cueva, encuentran un niño recién nacido, al que adoran y obsequian con productos típicos de la región. En la segunda historia, la que se cuenta de forma cifrada, el lector más avezado leerá la conquista y colonización del Valle Calchaquí, la derrota de los indios quilmes, después de una heroica resistencia de más de un siglo, el abandono de la ciudadela, el doloroso destierro a pie hacia la región pampeana y el levantameinto del nuevo caserío, la actual ciudad de Quilmes.
La magia del arte y la ternura de los inicios
En qué consiste el secreto encanto que irradia esta historia de Lisi Barros-Sehringer, ilustrada por Mariana Basile Varas?
La redacción es brillante, las figuras y el colorido atrapantes, el ensamble plenamente logrado. Pero, todo se agota en las bellas formas, el buen arte y la gran literatura?
Una noche en el Calchaquí es la transposición de la leyenda evangélica de los Reyes Magos en un relato hispanoamericano; y, precisamente, su belleza surge del acierto en el sincretismo, de la genuina mezcla obtenida en esta evocación de la fábula primordial de los augurios, de la ilusión de los comienzos, de la convocatoria al esplendor de todo nacimiento.
La montaña es milenaria, ruda, terca; los caciques, individuos duros, guerreros, jefes a costa de la sangre y la violencia; pero la magia del arte y la ternura de los inicios los conciertan en la recreación del amor anual, en la pureza de la renovación de los ciclos y en la esperanza de la redención de los pueblos.
Lisi, desde Princeton, y Mariana, desde San Miguel de Tucumán, se han concertado para plasmar el hechizo de los Valles Calchaquíes, la severa gracia de las serranías, la riqueza de la mezcla de razas, el crisol del amor entre los seres humanos.
Esta armónica narración, forjada al compás de los azulados tornasoles de nuestras estribaciones, nos dice que la sobrecogedora serenidad de estos territorios, ubicados en las actuales provincias argentinas de Tucumán, Salta y Catamarca, no pertenece a paganos ni a cristianos, aborígenes o europeos, americanos o españoles, sino a todos aquellos hombres y mujeres capaces de amar y respetar la naturaleza, conmoverse con la poesía, enmudecer ante el milagro de la vida y exlatarse ante la pasión de lo infinito.
José Ignacio García Hamilton