Eventos

1. Presentación en Librería La Rayuela. Berlín, noviembre 2007


2. Presentación en Jornadas de Hispanistas Alemanes. Stuttgart, nov. 2007

3. Presentación en Instituto Cervantes. Hamburg, diciembre 2007

4. Presentación en Librairie Espagnole. París, diciembre 2007.

5. Presentación de la primera edición en castellano, Princeton, USA.

 Princeton Public Library. Abril 14, 2007

La vida está llena de paradojas. Por ejemplo, ¿se han dado cuenta de que en los actos de presentación, como el que hoy nos reúne aquí, la persona presentada suele ser mucho más conocida del público presente en la sala que el propio presentador? Esta es la paradoja en la que yo me encuentro, pero, en realidad, quiero hablarles de otra mucho más substancial, una que siempre me ha intrigado: ¿cómo es posible que los habitantes oriundos de un determinado lugar puedan verse desplazados de las tierras que habitan por unos extraños venidos de allende los mares; los cuales, a continuación, racionalizan el hecho de tal modo que la paradoja pasa a convertirse en normalidad; y, pasados unos siglos, algunas generaciones, lo paradójico resulta ser justamente lo contrario; lo que nos produce perplejidad es que los descendientes de aquellos indígenas pretendan recuperar aunque solo sea una pequeña parte de aquellos territorios y usufructuar sus riquezas naturales? Esta es la paradoja con la que Lisi se topó de manos a boca en una de sus rituales visitas al valle del Calchaquí, una parte del cual se encuentra en su Tucumán natal, allá en Argentina. La paradoja le inspira un relato y éste, nueva paradoja, adopta la forma de un cuento infantil que, a su vez, resulta ser una Historia Sagrada.

El cuento infantil es un género literario tan importante como los otros. Parece mentira que después de Lewis Carrol, Mark Twain o, por hablar de España, Gloria Fuertes, haya que hacer esta aclaración, pero uno tiene la impresión de que entre los lectores no avisados aún persiste la opinión de que se trata de un género menor. No me resisto a ilustrarlo con una anécdota personal: hace años se me ocurrió regalarle a mi ahijada, que entonces tenía quince años, una buena edición de “Alicia en el País de las Maravillas”. A los pocos días me hizo llegar el mensaje de que ella ya no era una niña para leer esos cuentos. Pero con solo dos cuentos, “Alicia en el País de las Maravillas” y “A través del espejo”, Carrol había sabido captar aspectos de la vida humana que siguen estando más vigentes que nunca. Alicia atraviesa el espejo y se encuentra con el revés del mundo, como cuando miramos el revés de una tela para saber como ha sido tejida o el revés de un vestido que nos revela su hechura. Es decir, descubre la parte oculta de las cosas que nos permite un conocimiento más profundo del mundo. Al otro lado del espejo se encuentra con la Reina Roja que la obliga a correr cada vez más aprisa, pero no para llegar a alguna parte sino para permanecer en el mismo lugar. Así es la vida, cuando te paras no permaneces en el mismo sitio sino que te quedas atrás. La vida sigue y, además, va cada vez más de prisa; no basta con caminar, hay que correr para no quedarse rezagado ¡Excuso decirles la velocidad que se necesita para poder ir a más! Con esa imagen Carrol fue capaz de sintetizar el cambio que la revolución industrial había introducido en nuestras vidas de una forma que no ha sido superada al día de hoy. Ocurre lo mismo con Mark Twain, todos hemos leído de niños las aventuras de Tom Sawyer y Huckleberryfinn, pero en esos libros se encuentra una reflexión sobre la moral puritana, sobre el espíritu y la forma de entender la vida de los americanos, que es comparable con la de otros autores contemporáneos tan consagrados como Faulkner, premio Nobel, o el Melville de “Moby Dick”. Para terminar en mi propio país, Gloria Fuertes se dedicó a escribir poesía infantil –más difícil todavía- lo cual no quita para que fuese una de las mejores sino la mejor poetisa española de la segunda mitad del s. XX.

No es ocioso mencionar estos ejemplos porque está claro que el texto de Lisi busca inscribirse en esa tradición. El niño va a entender y disfrutar el cuento, va a quedar prendado de su magia como le habrá ocurrido con los más memorables de su biblioteca, pero este relato admite una segunda lectura, una lectura más adulta si se me permite la expresión, que no solo no decepciona sino que revela todo el bagaje social y cultural de la autora. Conocí a Lisi como lectora atenta de literatura vanguardista. Una literatura difícil, compleja, ilegible para cualquier persona normalmente constituida, y que no les recomiendo en absoluto a no ser que su amor por las letras les impulse a conocer sus más íntimos entresijos. Puesto que ustedes son un público adulto, quisiera demorarme un rato en esta segunda lectura.

“Una noche en Calchaquí” es un viaje mágico a un lugar que nunca existió. Como todos los lugares de ficción, el valle al que aquí viajamos solo existe en la mente –en este caso, la mente melancólica- del narrador. Pero narrado así da cuerpo a la melancolía que sienten las personas reales a las que el cuento hace referencia, personas que no dudaría en catalogar entre los pobres de la tierra. Los ‘perdedores’ de la historia, de todas las historias, tienen ansia de renacer, de volver a nacer en un nuevo mundo donde la vida les trate de forma más justa; esto les lleva a rescribir la historia para que el ansia se sacie, ya que no en la dura realidad al menos en su imaginación. Los pobres de la tierra siempre sueñan con un redentor que les haga recuperar el paraíso perdido, un paraíso que siempre se sitúa en un lugar mítico, en un pasado remoto, pero que alimenta su melancólica espera y devuelve la dignidad a su persona. Aquí nos encontramos con el relato del nacimiento de ese redentor en tierras de indios americanos. Difícil imaginar pueblos más pobres y más desasistidos. Lisi hace uso de sus poderes paranormales para comunicarse con esas gentes y trasladar al papel un relato que solo imagino formando parte de la tradición oral de los indígenas, un relato que ella rescata para que podamos conocerlo y apreciarlo. Y, con el atrevimiento que caracteriza al autor en estado de gracia, incluso se atreve a esperar que sintamos compasión en el sentido literal de la palabra: sentir pasión ‘con’, no pena ‘de’ los indios.

Solo si nuestro espíritu llegara a imbuirse de esa compasión, que no es paternalista ni busca tranquilizar la conciencia con una limosna, solo esa compasión haría posible que los pobres de la tierra dejasen de ver en nosotros la encarnación del demonio, la encarnación del espíritu depredador. Y no utilizo estos términos tan graves a “humo de pajas”, Lisi los pone en boca del narrador. Porque esa compasión está lejos de haberse instalado entre nosotros, porque el espíritu virtuoso atraviesa hoy por uno de sus momentos más oscuros, relatos como éste son más oportunos que nunca. Cuando menos servirán para entender por qué los pobres de este mundo nos ven como nos ven. Y es que esta rescritura de la historia cumple una función primordial: hacernos saber que la historia pudiera haber sido de otro modo; incluso, si lo miramos desde un punto de vista moral, que debiera haber sido de otro modo. He ahí el más digno papel que desempeñan las historias. Desde los relatos bíblicos (la Historia Sagrada) hasta los cuentos infantiles, las historias se esfuerzan por hacernos comprender que la convivencia armónica solo es posible si adoptamos una visión del mundo más humanizada, menos salvaje (y hay que llevar cuidado al asignar los papeles del ‘humano’ y el ‘salvaje’ porque las apariencias engañan). La educación consiste en aprender esa visión hasta convertirla en el alma de nuestros actos y la convivencia consiste en ponerla en práctica. En este sentido “Una noche en Calchaquí” es un texto ejemplar porque aúna el relato bíblico –el viaje a Belén de los Reyes Magos- con el cuento infantil, para crear una conciencia moral en el lector. Es, pues, un cuento para ser leído con nuestros hijos, nuestros sobrinos, nuestros nietos, vehículo perfecto para reflexionar junto a ellos sobre la condición humana ¡Ahí es nada! Pero éste no es más que un aspecto del relato que a mí, personalmente, me atrae. “Una noche en Calchaquí” es también un cuento mágico, después de todo es una historia de magos, de chamanes, y la magia es su profesión. Un relato hechizado y hechicero, narrado e ilustrado desde el punto de vista de los magos. La forma en que está narrado, la sugestión del lenguaje que utiliza, el exotismo de los personajes, todo está visto por su lado mágico: la magia del paisaje, la magia de los elementos, los animales mágicos, los duendes, los ángeles, los sucesos. Sobre todo los sucesos nos son presentados con ese halo mágico, o si lo prefieren ‘sobrenatural’, que la mirada ordinaria no es capaz de captar. Es el momento de aludir, aunque sea de paso, a las ilustraciones que contribuyen a crear esa atmósfera mágica imprescindible para meterse de lleno en el mundo que el relato nos propone. Casi diría que la magia funciona porque texto e ilustración remiten el uno al otro y al hacerlo se produce un efecto multiplicador. Si uno se presta a este juego de magia, la lectura le llevará a experimentar uno de esos momentos mágicos por los que nos pasamos la vida suspirando. Me atrevería a decir, momentos mágicos que al romper la monotonía de la existencia hacen que ésta nos merezca la pena. Vivimos para experimentarlos y cuando dejamos de hacerlo parece que la vida ha perdido el mejor de sus sentidos. Así pues les encarezco su lectura, no pierdan esta oportunidad. Muchas gracias.

Javier Vega

6. Presentación de la primera edición en castellano, Barcelona, España.

Sala Ámbito Cultural, El Corte Inglés.   Diciembre 13, 2006.

La autora

Lisi, nacida en Argentina, en la provincia de Tucumán, es una de esas personas que, desde pequeña, parecía señalada por la varita mágica de la literatura. A los 15 años escribe su primer cuento, curiosamente, relato policial, Asesinato en Montreal, que sería una rareza en su posterior quehacer literario, cargado de dulzura y sentimiento. Hija, nieta o bisnieta de emigrantes (catalanes), qué más da, pues emigrantes, en el fondo, lo somos todos, está profundamente enamorada de su tierra y eso se nota en todo lo que escribe. Universitaria en la trágica y negra etapa de la dictadura, viajera, persona siempre con la sensibilidad a flor de piel, de ella ha habido dos detalles en su biografía que me llamaron profundamente la atención, porque conectaron con mis propias vivencias.

Dice Lisi, en su pequeña autobiografía, tan deliciosa y encantadora como su cuento:

Viajé por primera vez a Catalunya en diciembre de 1987. Luego de la Misa del Gallo, en la Ermita de Sant Antoni, en el camino de Ripoll a Ribes de Freser, esa noche, miré el cielo y lo encontré parecido al del Valle Calchaquí. Ese primer viaje no sólo me reconectó con la familia, sino que fue el comienzo de entender por qué mis bisabuelos habían escogido a Tucumán. Las similitudes entre lo que dejaron y Tucumán aún me maravillan.

Ese párrafo me llegó profundamente, porque ese camino, de Ripoll a Ribes de Freser, forma parte de mis propias vivencias de juventud. Encontré que, hablando de él, y tal vez hablando del Valle Calchaquí, me veía a mí mismo caminando por la orilla del río Freser, subiendo al pico de Taga -tremenda subida que casi no lo cuento- o tomando el cremallera que desde el bello pueblo de Ribes lleva montaña arriba hasta el Santuario de Nuria.

El otro detalle viene en este párrafo de su pequeña biografía:

Durante dos semanas compartimos horas de "conversación" con los representantes de Alemania Oriental. Nos enseñaron a hablar, a poner en contexto las lecciones que saltaban de los libros. Y con mi típica curiosidad política, ésa que me acompañaba desde la infancia, empecé a preguntar por sus experiencias con el Muro. De esas charlas y de esta amistad surgió el tema de mi Tesis de Licenciatura, El Muro de Berlín en la Narrativa Alemana,escrita en Alemania, con una beca que me concedió la Universität zu Köln.

Berlín es mi ciudad favorita y el centro de mi inspiración literaria. El muro, el checkpoint Charlie, la antigua sede de la Gestapo que, en un alarde de auténtica arqueología, se ha desenterrado hace poco, la plaza dedicada a Marlene Dietrich y el muro, el mítico, tétrico y fantasmagárico muro que presidió las mejores novelas de Le Carré. Se podría decir que Lisi y yo estábamos predestinados.

Cuenta Lisi que en 2000, después de los años dedicados a su marido y a sus cuatro hijos, Robert, Alberto, Isabella y Stefan, escribió, o renació quizás con Epiphany, un relato en el que reivindica esos personajes tan españoles, los Reyes Magos. En este relato los tres reyes son tres caciques calchaquíes, haciendo de esa obra un texto precursor de Una noche en el Calchaquí.

Cuenta también Lisi que preparando alumnos de la zona donde vivimos me di cuenta de que la mayoría no conoce gran cosa sobre la realidad cultural de varios países al sur de Guatemala. 

Yo te diría más, Lisi, aquí, en España, la mayoría no conoce gran cosa sobre la realidad al sur del Río Grande. Sabemos algo de aztecas o mayas, poco, pero desde luego, nada de calchaquíes, wichis, tobas, matacos, querandíes. Y eso te lo confieso yo, un apasionado de sioux, cheyennes y navajos.

Y para que os deis cuenta de que, además de ante una buena escritora estamos ante una buena persona, un detalle: Your children, our children una asociación benéfica de la que ella es parte, que asiste con la donación de equipamiento de última generación a la Maternidad de Tucumán.

La obra

Nada mejor para empezar a hablar de Una noche en el Calchaquí  que leeros uno de los párrafos más hermosos del texto.

Muchas veces las ancianas de los pueblos desperdigados por el valle habían contado que, mientras los guerreros del más allá avanzaban por las sendas pedregosas, los calchaquíes, a la espera de la orden de atacar, habían visto caer sus territorios sin escuchar nunca, al parecer, la orden de defenderlos. Era tan grande su angustia, tan copioso su llanto, que la Pachamama, que supo desde siempre que esa voz esperada nunca tronaría en el valle, los fue haciendo suyo, de a poquito, secando sus pies cansados de esperar y enraizándolos en el paisaje, mientras sus cuerpos se llenaban de espinas que les recordarían siempre el sacrificio, pero que defenderían, a la vez, los retoños indígenas frente a cualquier nuevo invasor. Muchos decían que los oían susurrar sus penas durante las noches de estío.

Este párrafo, y toda la obra en general, deja una sensación única de belleza y de paz. Para alguien como yo, acostumbrado a leer y escribir novela negra, sórdida, llena de crímenes, encontrar la dulzura de Lisi es un remanso de paz a pesar de que sé que me está contando la tragedia de los indios del norte de Argentina, exterminados por la invasión española.

Los tres reyes magos del relato, Quilmes, Tolombón y Colalao, son, desde luego, los tres Reyes Magos que visitan al changuito recién nacido; y en lugar de oro, incienso y mirra le traen el mate, el poncho andino y el collar de alpaca. Leo el mito de la transformación de las creencias ancestrales, paganas, al cristianismo, donde una joven india es la virgen y donde la madre tierra, la Pachamama, tiene un papel central.

Confieso que al comenzar a leer el relato me encontré perdido, con palabras que no entendía, con nombres extraños. Ah!, hay un glosario al final, una suerte de diccionario para ayudar a mi ignorancia, pero ... y si me dejara llevar y lo leyera como se lee la poesía? Y así es como debéis leerlo, como un poema en el que es más importante la belleza que el mismo significado de las palabras. Paz y belleza. Una lectura para disfrutar de ella un domingo por la mañana, en un cómodo sillón junto a una ventana por la que entra el sol. Ella, Lisi, lo dice:

Además es fácil para cualquiera leerlo en un momentito, sobre todo porque cada vez hay menos tiempo para gozar del placer de la lectura.

Así que, gozad del placer de la lectura, regalaos a vosotros mismos un rato de placer, de dulzura y de tranquilidad, y leed Una noche en el Calchaquí.

José Luis Caballero

Barcelona, Diciembre 13 2006